Más que Autoestima…Aceptación y Autoamor

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La Autoestima es un constructo mucho más complejo que un simple “Quiérete a ti mismo”. Pienso que este concepto se ha banalizado en los últimos tiempos, y se habla como si fuera algo simple y sencillo.

La autoestima se construye des de la infancia, en el núcleo familiar. Esto no quiere decir que como adultos ya no podamos hacer nada para mejorar nuestra autoestima, ni mucho menos, pero sí quiere decir que requerirá de autoconocimiento, de aceptación, de muchas ganas, de tiempo y de trabajo personal.

Siento ser yo quien te lo diga, pero tu autoestima no mejorará de hoy para mañana por decirte “me quiero mucho”.

Para construir una buena autoestima en la infancia necesitamos que nuestras necesidades básicas de seguridad, afecto y reconocimiento se vean satisfechas. Y no hay que venir de un entorno desestructurado y complejo para que alguna de estas necesidades no se vea satisfecha del todo en algún momento.

Entonces, ¿qué es la autoestima exactamente?

Según Olga Castanyer, psicóloga clínica especializada en autoestima y asertividad, la autoestima es:

«El conjunto de sentimientos, pensamientos y conductas que hacen que una persona se considere digna de ser valorada y querida por sí misma, sin depender para ello de la valoración y el cariño de los demás».

Es importante saber que la autoestima no es algo estático y fijo. Es decir, aunque tu autoestima en general sea saludable, en algunas situaciones o con algunas personas puedes sentirte insegura/o o “débil”, pero la tónica general será constructiva, no destructiva.

A grandes rasgos, catalogamos la autoestima en alta, baja o media/situacional.

  • Cuando nuestra autoestima es «alta» (yo prefiero llamarla, saludable), de forma general nos sentiremos seguras/os y no necesitaremos la aprobación constante del exterior para sentirnos válidas/os y queridas/os. En este caso, cuando cometamos un error o sintamos inseguridad o debilidad ante una situación, la aceptaremos con naturalidad y no nos afectará en exceso ni nos paralizará.
  • En cambio, cuando nuestra autoestima es «baja», de forma general nos sentiremos inseguras/as, nos veremos poco válidas/os y otorgaremos nuestros logros a elementos externos, como la suerte o la ayuda de los demás. Nos sentiremos a menudo culpables o avergonzadas/os y constantemente necesitaremos la aprobación y validación de los demás para tomar decisiones y sentirnos queridas/os.

Recordemos, la autoestima no es estática. La clave está en identificar la tónica general, ¿es constructiva o destructiva?

  • En esta línea, se ha definido un estado intermedio, la autoestima «media o situacional». Con este tipo de autoestima somos vulnerables a las opiniones de los demás, ya que aparentemente somos seguras/os, pero hay áreas de la vida donde seguiremos necesitando la aprobación y reconocimiento ajeno. Es decir, oscilaremos entre la autoestima “alta” y “baja” en función de las circunstancias y del valor que demos a las personas que nos acompañan.

Pero ¿por qué es tan compleja la autoestima?

Por dos razones: porque es la base sobre la que nos construimos como personas, y porque no depende de una sola cosa. La autoestima tiene varios componentes y hay que prestar atención a todos ellos.

Veamos los componentes de la autoestima:

EL AUTOCONCEPTO: Es la idea que nos creamos de nosotras/os mismas/os. Es nuestra percepción de lo que somos. Por tanto, no tiene porque ser real, es solo nuestra idea. Si esta percepción engloba más o menos aspectos positivos o negativos de nosotras/os, nuestra autoestima se verá afectada.

LAS CREENCIAS: Son las ideas y juicios que tenemos profundamente interiorizados sobre nosotras/os, el mundo y los demás. Lo interesante (y problemático) de las creencias es que les damos inconscientemente una credibilidad del 100%, por tanto, condicionan cómo nos comportamos y a la vez, nos cuestan de identificar.

Hay dos tipos de creencias: las limitantes y las potenciadoras. Las limitantes nos impiden afrontar retos y nos generan inseguridad respecto a nosotras/os (Ej: Tengo que hacer las cosas perfectas; No soy suficiente…). Las potenciadoras nos impulsan a la acción y nos generan confianza (Ej: Aunque no me salga perfecto vale la pena intentarlo; Merezco ser querida/o…).

¿Adivinas cuales ayudan a nuestra autoestima y cuales no?

LAS DISTORSIONES COGNITIVAS: Son errores que cometemos al interpretar los acontecimientos que vivimos. Ej: cuando presuponemos intenciones negativas de los demás, sin ninguna prueba (alguien no te saluda y piensas “seguro que está enfadada conmigo” y quizá es que no te ha visto); cuando extrapolamos conclusiones de un hecho particular a todas las situaciones en general (“nadie me quiere” cuando alguien te ha rechazado), etc.

LOS VALORES: Son estructuras de nuestro pensamiento que se convierten en pautas o guías de nuestras acciones. Son nuestros principios y no son los mismos para todas/os, por eso es importante descubrir cuales son los nuestros. Si sentimos que vivimos de acuerdo con nuestros valores más profundos, nuestra autoestima se refuerza, sino nos sentimos incoherentes. Ej: Si un valor fundamental para ti es la independencia personal, y tu pareja constantemente se enfada cuando le pides momentos para estar sola/o, eso te hará sentir una incoherencia interna entre lo que necesitas y lo que “puedes” hacer.   

LA AUTOCRÍTICA: existen dos tipos de autocrítica (términos acuñados por John Amodeo):

  • La autocrítica patológica o crítico interior: La persona se autocastiga y “machaca” constantemente a sí misma por cualquier cosa, hasta llegar a bloquearse.
  • La autocrítica sana o guía interior: La persona toma consciencia de la situación y busca soluciones, es decir, no se centra en culpabilizar, sino que en la búsqueda de soluciones.

A estas dos partes de nosotros también se les llaman “Los dos lobos” y depende de nosotros alimentar más a uno o al otro.

NUESTRA CONDUCTA: Una conducta asertiva, es la base de una autoestima sana. La asertividad es la capacidad de hacer valer los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás, es decir, respetándose a sí mismo y a los demás


Ahora ya entiendes porque el concepto de Autoestima es mucho más complejo de lo que nos pensamos, pero también, lo mucho que puede ayudarnos trabajar en ella. ¡Vale la pena!

A continuación, os dejo una Herramienta para empezar.

HERRAMIENTA (4): Crítico/a interior

Todos tenemos una vocecita interior que nos dice cosas, nos narra nuestra vida. Es muy importante ser conscientes de cómo es esa vocecita. Porque muchas veces aparece en automático y es muy destructiva y ni nos damos cuenta.

Esta herramienta consiste en prestar atención, en el día a día, de cómo es esta vocecita y reformular lo que nos decimos. ¿Te grita? o ¿te habla con cariño y afecto? Cuando te equivocas, ¿te riñe y/o te insulta? “Que tonta/o eres, cómo la cagas tanto” o ¿te anima y es compasiva? “Vaya despiste, bueno no pasa nada todas/os nos equivocamos”.

Cuando hice este ejercicio, me di cuenta de que me trataba muy mal y era muy dura conmigo, y al darme cuenta pude empezar a reformularla. Cuando me pillaba diciéndome: “Que tonta”, reformulaba: “No, tonta no. Que despistada”. Y poco a poco, esa voz aprendió a hablarme de otra manera y ahora tenemos una muy buena relación.

¿Cómo es tu voz interior? ¡Cuéntame! 😊


BIBLIOGRAFIA

Branden, N. (2011). Los seis pilares de la autoestima. Paidós Ibérica.

Castanyer, O. (2014). La asertividad, expresión de una sana autoestima. Editorial Desclée de Brouwer.

Dyer, W. (1990): Tus zonas erróneas. Barcelona: Grijalbo.